domingo, 31 de mayo de 2020

Aves en COVID

PACIENCIA


La hemos vivido y aprendido en este tiempo de cuarentena. Es la que estoy viviendo también en tiempos de lectura “cuasi obligada” para Las Aves. Confieso que he hecho trampa. Una trampa aprendida en tiempos de confinamiento... descubrí los audiolibros y dos de los libros de estos meses los he oído y no leído en mis caminatas diurnas. Empecé con Frankenstein... fue un deleite... tuve la fortuna de encontrar un muy buen narrador quién con una preciosa modulación española me acompañó muchas horas. Aprendí y gozé de esta poderosa obra de Mary Shelly bellamente narrada.

Me ha gustado esta nueva forma de “leer”. Al terminar a Frankenstein, seguí con el audiolibro de El Quijote. ¡Ha sido toda una aventura! Cada historia de esta maravillosa obra literaria es corta y con final definido, he podido hacer pausas sin perder una secuencia. Es un libro que las permite. Con este libro maravilloso es como cuando encima de la mesa de noche tenemos varios libros empezados y vamos picando felizmente en cada uno de ellos o, siendo más contemporáneos, cuando en nuestro libro electrónico también nos lo permitimos...

Como en una tarea de colegio, mi deber hoy es terminar de “leer/oir” a Madame Bovary. Encuentro una buenísima narradora francesa que me está acompañando en las nuevas caminatas. Es la segunda vez que lo leo, ¿o debo decir oigo? La primera lectura fue durante una adolescencia romántica y hoy vuelvo a Flaubert que, aunque maravilloso y pionero de su época, es denso para nuestro siglo XXI, aunque fue osado en aquel siglo XIX.

El libro enerva a ratos, la acción no siempre fluye, las descripciones son hermosas pero eternas, y a ratos, enervan. A Madame la veo mezquina, pretenciosa, arribista, excesivamente adornada, mañé en jerga antioqueña, loba en bogotano. Tiene un marido aburridorsísimo que, sinembargo, la adora ciegamente. Ella se cree de mejor familia porque se encuentra un amante rico y noble que la alaba y la quiere o ella quiere creerlo... y todavía me falta. Sé su final, pero con el tiempo entre dos lecturas se siente distinto, nos dará de qué hablar.

Aunque cansada de la suspiradera de Emma, seguiré disfrutando y al mismo tiempo penando para terminar el libro a tiempo para nuestro próximo encuentro.

María del Carmen Montoya



EN EL SUPERMERCADO


Yo la verdad he leído poco, traté los audiolibros pero no me gustan, me recuerdan las radionovelas de antes.

Últimamente  he estado pensando mucho en cómo nos ha cambiado la vida en unos pocos meses, estamos viviendo una pandemia que nunca imaginamos nos iba a tocar, estamos viviendo la época del RE, ahora todo es reinventarse, reprogramarse, replantearse, retomar, releer, revisar, repensar, reactivarse, reentender y a todo se le puede poner RE, la mayoría de los verbos vienen con RE  y cada uno se adapta a lo que estamos viviendo. Inclusive, cuando ésto termine, RE estará  en nuestras vidas porque nos habremos readaptado y nos vamos a reencontrar.

Para terminar, como hoy me levanté temprano para ir al mercado y quiero entrar apenas abren, porque  no hay nadie y esta recién  desinfectado, llego a la caja y veo que tienen unas bolsas nuevas, son pequeñas y me gustan por su tamaño, compro una, llego a la casa y cuando voy a bajarla la miro y veo ésto:



Luisa Londoño

jueves, 21 de mayo de 2020

Confinamiento

"No siempre podemos decir qué es lo que nos mantiene encerrados, lo que nos confina, lo que parece enterrarnos, y sin embargo sentimos ciertas barreras, ciertas rejas, ciertos muros. ¿Es todo ello imaginación, fantasía?... Podemos creerlo, o no. Y entonces nos preguntamos: ¿va a durar mucho, va a durar siempre, va a durar toda la eternidad? ¿Y sabes qué es lo que no libera de esa cautividad? Un afecto muy profundo y muy serio. Ser hermanos, ser amigos, el amor, eso es lo que abre las puertas de la cárcel gracias a una fuerza mágica."

Vincent Van Gogh, Carta a su hermano Theo, julio de 1880


lunes, 18 de mayo de 2020

Una Educación- Tara Westover


Al pie de Buck’s Peak, una montaña gigante, inamovible y omnipresente,  vive una familia mormona fundamentalista que no cree en la medicina ni en la educación, que espera y se ha preparado para la llegada inminente del último día.

Tara crece en ese ambiente, se define por las palabras y la concepción del papá, el rol ambivalente de su mamá y una estructura familiar jerarquizada que se se perpetúa y valida por la tradición religiosa. Su infancia y juventud son tan impactantes que por momentos uno duda que puedan ser reales. Sin embargo su relato, carente de superlativos y drama, nos adentra en una forma de vida brutal que, cambiando fechas y datos geográficos, es igual a la que han vivido muchas mujeres a través de la historia.

Lo paradójico, es que ésta que parece la sinopsis de un libro que sucede en siglos pasados, sea una historia que se desarrolla en nuestros días. Tara, destinada a ser una partera clandestina, yerbatera autodidacta, esposa sumisa a muy temprana edad, saco de boxeo de su hermano mayor, estaba ademas e indefectiblemente condenada a no conocer mas textos escritos que los  de su religión; a crecer, desarrollarse y morir en medio de unas creencias aniquiladoras, castrantes y arrasadoras.

No obstante algo surge cuando descubre las matemáticas, cuando oye un coro religioso en un equipo de sonido de un hermano, cuando vislumbra fragmentos de otro mundo. El proceso que allí se inicia, sentada a los pies de su hermano, oyendo esa música maravillosa, tiene un precio. Personal, familiar y mental. Físico. Dejó mucho en el camino. Con muchas dudas, con pocas seguridades, con carencias y con una determinación que fue fortaleciendo poco a poco, consiguió crear su propia visión del mundo, consiguió entender el mundo con ojos diferentes a los de su padre. Consiguió traspasar el espejo.

Hoy, con 32 años, Tara personifica la esencia de lo que la Educación produce en el ser humano. No la educación entendida como un acervo de datos, fechas, citas, ensayos y publicaciones. Que también son importantes. La Educación entendida como la capacidad de entender el mundo con base en criterios y análisis propios. Entender el mundo como una visión que se construye con el aporte de muchos, pero que al momento de hablar y actuar, lo hace con la convicción y el criterio de uno solo: el yo individual.

“Los vendavales son fuertes cerca de la montaña, como si la cumbre misma exhalara. El valle está tranquilo, sin que nada lo perturbe. Entretanto, nuestra granja baila: las rotundas coníferas se balancean despacio mientras tiemblan la artemisa y los cardos, que se inclinan ante las ráfagas y las corrientes. Detrás de mí, una colina suave asciende para unirse a la base de la montaña. Si miro hacia arriba, veo la forma oscura de la Princesa India.

La colina está revestida de trigo almidonero. Si las coníferas y la artemisa son solistas, el trigal es un cuerpo de baile en el que cada tallo sigue a los demás en arranques de movimiento y un millón de bailarinas se comban, una tras otra, cuando el ventarrón les abolla la dorada cabeza. La forma de la abolladura se mantiene solo un instante, y es lo más cerca que estamos de ver el viento.

Al volverme hacia nuestra casa, situada en la ladera, percibo movimientos de un género distinto, sombras alargadas que se abren paso con rigidez entre las corrientes. Mis hermanos varones se han levantado y miran qué tiempo hace. Imagino a mi madre frente a los fogones, donde prepara tortitas de harina y salvado. Visualizo a mi padre encorvado junto a la puerta trasera, atándose los cordones de las botas de seguridad para luego enfundarse los guantes de soldador en las manos encallecidas. El autobús escolar pasa por la carretera sin detenerse.

Aunque solo tengo siete años, sé que ese hecho, más que ningún otro, diferencia a mi familia: nosotros no vamos a la escuela.”

Catalina López, 2019

Algún día, hoy- Ángela Becerra- Power Point de Catalina López

La invención de la naturaleza - Andrea Wulf (1)


Lo siento. Confieso que en medio del confinamiento obligatorio he viajado con un grupo de amigas a lugares exóticos de belleza casi sublime, no exentos de aventuras y de riesgos casi tan letales, como los de la pandemia que nos agobia.

Hace un mes decidimos iniciar esta aventura. Recorrimos partes de América del Sur empezando por Venezuela y finalizando en Cuba, para luego, aunque yo no sea del tipo explorador, continuar a Centroamérica y finalmente llegar a Estados Unidos.

Empieza mi mente a hacer comparaciones y a pensar que aquello que a Humboldt y a Andrea Wulf les tomó cinco años, nosotras lo realizamos en un mes. Es el milagro que logra, tener entre manos, una lectura así de apasionante. Y sigo comparando y pienso que lo que para el genio alemán era el café, “sol concentrado” como lo llamaba, imprescindible para mantenerse alerta, despierto y funcional, es para nosotras el placer de leer en las palabras de escritores brillantes, la fascinante vida de personajes reales y ficticios.

Empezamos pues esta aventura embarcados en varias canoas suficientes para acomodar a mis amigas Las Aves del Paraíso, la verdad canoas bastante inestables, incómodas y muy pequeñas para tanto equipaje y pasajeros.

Humboldt y Bonpland, su inseparable compañero, viajaban con decenas de instrumentos especializados y muy costosos, de última tecnología, con cuadernos, diarios y libretas bellamente empastados complementados con cientos de lápices y tintillas para dibujar y hacer las ilustraciones que tan hábil y bellamente realizaron.

Alexander nos pareció tan guapo y tan fascinante, tanto física como intelectualmente, que podíamos oírlo hablar, sin pestañear, durante horas, con pasión casi adolescente, atraídas por el recio acento alemán que imprimía a sus descripciones y relatos, delicadamente suavizados por el murmullo que se desprendía de la canoa al deslizarse por las aguas tranquilas del Orinoco.


Otras veces, cuando el río se tornaba realmente turbulento y peligroso, él sabía pintar con el uso magistral de sus palabras, las imágenes de una selva inhóspita y amenazante, más acorde con el imaginario colectivo del hombre civilizado que cree, ya saberlo todo.

Recordé a José Eustasio Rivera y a sus tambochas, suplantadas en este viaje por las anguilas y los caballos que, desesperados como indios y caucheros ante el  rumor de la llegada de las hormigas devoradoras, trataban igualmente de huir con el mismo frenesí y prisa para evitar ser atrapados por esas criaturas casi míticas, de instintos mortalmente naturales.

Es, en vivo y en directo, la lucha por la supervivencia descarnada de las especies en la selva. Los viajes literarios favorecen lo que la tecnología aún no ha conquistado: viajar en el tiempo para amalgamar, en una sola vivencia, momentos separados por años, incluso siglos de distancia.
Así que ahí estaba yo, juntando en una sola imagen, la naturaleza salvaje y despiadada de La Vorágine, con las observaciones científicas y exuberantes de Humboldt.

Dos visiones diferentes de una misma selva tropical que, misteriosamente, juega a atrapar el cuerpo y la mente del forastero que se arriesga a ser engullido en la próxima curva sinuosa de los majestuosos ríos y sus afluentes, únicos amos que pueden expedir pasaporte y salvo conducto para transitar por este imperio, mucho más antiguo y poderoso, que ese allende mar, que osa expedir un permiso restrictivo y taxativo a la comitiva expedicionaria en nombre de Carlos IV de España. Si seremos graciosos y petulantes los seres humanos de todas las épocas.

Humboldt y Bonpland lograron resistir mucho mejor que nosotras, no por debilidad de carácter, sino por la pátina de una sociedad que cada vez nos cría más delicados y susceptibles a todo lo que nos rodea, los constantes e inclementes ataques de mosquitos que, envueltos en pesadas nubes de humedad y calor, se enseñaban con la comitiva. Si tenían algún secreto creado y patentado por el poderoso Sacro Imperio Romano Germánico, de donde era originario nuestro explorador alemán, nunca lo dijeron.

Lo sospechamos, pero nada pudimos comprobar. Estos eran hombres recios, fuertes y valientes, que ante el peligro, y hubo muchísimos, no huían, sino que pausademente caminaban y los enfrentaban.
Se parecían a los Caribes, poderosa tribu que tanta admiración suscitó en Humboldt, apreciación ésta que correspondía perfectamente con la habilidad que tenía de abarcar, de un vistazo, las relaciones, conexiones y los hilos que unifican naturaleza y civilización.

¿Qué otra forma de sociedad hubiera estado más compenetrada con el ambiente que la rodeaba?
Nunca menospreció los mitos y las leyendas de los pueblos autóctonos. Todo lo contrario, allí también encontró la fuente de nuevas ideas, de conocimiento diverso, de apreciación del medio ambiente como un todo armónico. Era evidente que su afán de unificar plantas, especies animales, clima y hombres era un concepto que se irrigaba en todas direcciones.

Su capacidad de relacionar las partes de un hábitat de forma globalizada, era algo que, hasta el momento, no había hecho, increíblemente, ningún europeo.

Hoy que hablamos tanto de contagio, pudimos sentir cómo Humboldt traspasa siglos y distancias físicas para contagiarnos esa pasión y esa forma de ver la naturaleza como un conjunto maravilloso y sorprendente, un gran organismo vivo, que acoge en su seno a todas las formas de vida, a todas las fuerzas que modelan y moldean el terreno, así como también a todas las cosas inanimadas, que naturalmente coexisten en el mundo que habitamos.

Hemos estado buscando incansablemente la Teoría del Todo, la Teoría Unificadora y ella ha estado ahí, toda el tiempo al frente de nosotros.

Quien haya visto las ilustraciones que acompañan su voluminosa obra escrita, es testigo de una sensación que nos lleva a percibir, como si fuera la primera vez, imágenes que aunque no corresponden directamente a una experiencia individual y personal, están impresas y hacen parte del acervo cultural colectivo.

Me refiero específicamente a la Laguna de Guatavita o al Salto del Tequendama, que siendo ilustradas por Humboldt, re-crean en nuestra mente esos bellos paisajes de nuestra patria de forma diferente.

Humboldt, con nosotras como testigos, viajó a lomo de mula, con su costoso y especializado equipo atravesando numerosas montañas, volcanes, lagos, nevados, picos y mesetas, más agrestes, indómitas y escarpadas que la mayoría de los montes alpinos que había escalado como preparación juiciosa y científica a esta, la gran expedición de su vida.

 Con cada paso que los nobles animales daban, rozaban la muerte y solo cuando la niebla se apartaba y se lograban divisar los interminables precipicios a un lado y los profundos abismos al otro, podemos imaginar el alcance del peligro que siempre rodeó a Alexander von Humboldt durante los cinco años que duró su paso por territorio americano.

Una vez más nos asombró la conspiración de innumerables condiciones y fuerzas que trabajaron para que esta expedición llegara, con sus ideas, especies, herbarios, observaciones y conclusiones a los oídos de otros intelectuales, científicos, poetas, artistas, filósofos y académicos que siguieron construyendo, sobre el legado de Humboldt, el conocimiento y las teorìas que hoy son el fundamento de la visión con la que intentamos comprender la realidad que nos rodea.

Quiero terminar esta primera parte de la reseña del libro de Andrea Wulf, La Invención de la Naturaleza, con una vivencia imaginaria de un cuadro pintado con la cacofonía conformada por un evento de sucesos que se inicia con los cantos silvestres de decenas de pájaros tropicales invisibles a los ojos, que con sus extraños y exóticos sonidos materializan su existencia y transmiten exuberancia y diversidad, para luego ser momentáneamente silenciados por la algarabía que produce la huida y los gritos ensordecedores de un mico perseguido por un jaguar, quienes en su lucha frenética por la supervivencia aplastan plantas, trepan troncos, saltan charcos durante segundos, y finalmente dan paso casi instantáneamente a un silencio pasajero donde solo la oscuridad de una noche iluminada por miles de estrellas cintilantes en el firmamento parecieran tener movimiento.

Poco a poco un pájaro vuelve a cantar y otros lo  siguen, recreando nuevamente el círculo que la naturaleza, desde mucho antes que nosotros nos eleváramos a bípedos, forma alrededor de todo lo visible e invisible.

La Iluminación de seres que complementan el conocimiento adquirido a través de la rigurosidad del método científico con la sensibilidad y el arte se perdió en algún momento en los inicios del SXX.
Hoy el intelectual no filósofo debe dejar atrás toda apreciación personal en el curso de sus investigaciones, teorías y conclusiones.

Tal vez fue ahí, en ese momento de la historia, cuando el homus daticus le ganó la partida a la visión global y unificadora de hombres como Humboldt, quien siempre creyó en la humanización del conocimiento.

Catalina López, mayo de 2020


Frankenstein -Mary Shelly



En un laboratorio, un científico realiza un experimento clandestino, con resultados asombrosos. Quiere hacer algo grandioso por y para la humanidad. También busca obtener reconocimiento y fama. A pesar del éxito inicial, ni el científico ni su obra saben cómo reaccionar y ambos huyen tratando de ignorar las consecuencias de haber manipulado material sensible.

Las personas observan con horror y luego reaccionan con violencia a la presencia del que pudiera convertirse en el vector decisivo del origen de un cambio sin precedentes en la historia de la humanidad. Si el científico hubiera hablado a tiempo, si hubiera dado a conocer lo que realizaba puertas adentro de su laboratorio, si las ansias de poder y de fama no lo hubieran cegado y si las personas hubieran sabido que algo creado en un laboratorio iba a afectarlos de esa forma, seguramente se hubiesen podido evitar las muertes que se sucedieron. Sin embargo, nadie estaba preparado para hacerle frente.

Un experimento puede cambiar el mundo. De hecho, la búsqueda del conocimiento es la génesis de la transformación del mundo, pero, esa búsqueda inherente al hombre, a todos los hombres de todos los tiempos... ¿tiene límites? Y si la respuesta es positiva, ¿quién los fija? Y si a pesar de faltar una regulación taxativa, expresa y concreta que limite las fronteras, esos topes éticamente subjetivos, se quiebran y afectan a amplios sectores de la humanidad...¿quién es responsable? Y ¿quién puede juzgar y definir el alcance de esa responsabilidad?

En el fondo de la apasionante lectura de esta semana subyacen varias preguntas intrincadas y de respuesta aún mas compleja: “Aprenda de mí, si no por mis advertencias, sí al menos por mi ejemplo lo peligroso de adquirir conocimientos; aprenda cuánto más feliz es el hombre que considera su ciudad natal el centro del universo, que aquel que aspira a una mayor grandeza de la que le permite su naturaleza”, así reflexiona Víctor en el ocaso inminente de su vida.


Algo falló en el experimento, la desesperación, la ansiedad, la enfermedad y las muerte consecuentes así lo manifiestan y me pregunto si lo que falló fue el experimento, o fueron la falta de previsión, la negligencia y la falta de cuidado del experimentador? ¿Y al final no resulta todo siendo lo mismo? ¿Es decir, los fallos del experimento y del científico no se confunden en la esencia?

La ciencia es responsable de las consecuencias que previó pero también de las que no previó... o son los científicos, o es el estado o son las personas?

¿Qué tiene para decirnos una autora joven, de 18 años, al respecto?

Por otro lado, analizamos y concluimos, en nuestra reunión de Aves del Paraíso, que ni el conocimiento ni la tecnología son el monstruo, tampoco la criatura que nació como consecuencia de abrogarse el don de la regeración de la vida; el verdadero monstruo no es evidente y como ocurre casi siempre, el monstruo engaña y se oculta, es invisible o juega con su buena apariencia,  muta, es educado, convincente y sutil. Y es tan hábil que hace pasar las monstruosidades por situaciones justificadas, cuando no ignoradas, y a veces hasta merecidas. El monstruo es quien elude su papel en el entramado de las cosas.

Todo esto y más lo narra Mary Shelley de forma magistral en un relato que escribió hace 200 años y que la cultura popular y Hollywood, se  encargaron de destrozar hasta hacerlo irreconocible y poco apetecible.

Creyeron que estaba hablando de otra cosa... pues...

Nunca imaginamos que la historia del Moderno Prometeo fuera a ser tan envolvente en tantos sentidos: es una historia gótica, pero también filosófica, ética, de venganza sin límites, de injusticias legales, de viajes para olvidar obsesiones y recobrar el equilibrio, de paisajes lúgubres, de asesinatos premeditados, de crecimiento, de anhelos poderosos  y deseos aplazados, de fronteras del conocimiento, de montañas escarpadas y de odios cegadores, de naturaleza abrupta, de maldad aprendida y bondad inocente, de paraísos perdidos e infiernos labrados. Pero sobre todo de la vida y la muerte y de lo que sucede entre esas dos palabras. Asombra y maravilla que una joven de 18 años hace dos siglos hubiera escrito estas complejidades filosóficas y éticas sobre la tecnología, mismas que aún hoy nos siguen desvelando en las noches lúgubres de profundas reflexiones.

1816 fue y es conocido como el año sin verano, debido a que la erupción del Tambora en Indonesia esparció cenizas por todo el mundo, ocultando al sol por mas de doce meses. Ese verano oscuro y frío obligó a las personas al encierro y al aislamiento en pequeños grupos. Una de esas noches de tertulia y reflexión, después de muchos cuentos y lecturas de terror y monstruos, Shelley vio, soñó y escribió Frankenstein o el Moderno Prometeo, la maravillosa novela sobre una criatura que busca, a cualquier costo, el afecto y contacto con los demás.



2020 es y será recordado por ser el año que vivimos sin contacto social debido a que la explosión del coronavirus en China esparció muerte y enfermedad  a todos los confines de la tierra. Agobiados por las noticias pero esperanzados en futuros tratamientos y vacunas, recomiendo leer y disfrutar a Mary Shelley, al mismo tiempo que seguimos viviendo y escribiendo sobre La Cuarentena o el Aislamiento Preventivo, la impensada situación sobre un virus que nos obligó al confinamiento y a la separación de los demás por encima de todas las cosas.

Catalina López, abril 29 de 2020

Libros leídos por las Aves

El Ave Lucy, desde que iniciamos esta aventura, ha tenido la disciplina de hacer una lista de todos los libros que nos hemos leído.



Como recorderis para nosotras y para que los lectores de este blog los conozcan, ponemos aquí la lista de ellos. Varían en género, tema, país...

La Madre de Frankenstein - Almudena Grandes

Hubo algunas complicaciones con las que nadie contaba para realizar nuestra reunión mensual del Club de Lectura.

Un virus llamado coronavirus vino desde la China y lo afectó todo. Particularmente el grupo estaba muy ansioso pues algunas de las participantes se encontraban al otro lado del mundo, concretamente en India. Y con ésto de si cerraban o no fronteras aéreas, ellas finalmente fueron llegando a cuenta gotas y prácticamente la última que llegó cerró tras de sí la puerta del aeropuerto de Rionegro. Descansamos todas y seguramente sus familias más que nadie.

Ya con el grupo completo empezamos a tantear la posibilidad de la reunión pero las capacidades de concentración no se hallaban al 100 por ciento: había que preparar la casa, las familias, la despensa y los trabajos para el acuartelamiento obligatorio que se veía venir. Y claro, las viajeras debían cumplir con su cuarentena obligatoria. Entonces no había ni motivación ni capacidad para hacerla. Así que dimos un compás de espera, fijamos una fecha y faltando una semana para la reunión del mes arrancó el frenesí por terminar la lectura.



LMDF es una novela que te va calando poco a poco. Es una lectura que envuelve sutilmente, al principio sin mucha pretensión, luego te vas acomodando un poco mas, hasta que finalmente más o menos en la tercera parte, ya estás totalmente metido y queriendo que pasen muchas cosas con los personajes, como el romance que anhelaban Lucy y Mónica entre Germán y María.

Finalmente llegó el día de la reunión virtual y después de los consabidos ‘no te vemos’, ‘me oyen’?, ‘activa el micrófono’, de quien es el perro que está ladrando?, ‘apuren que solo tengo una hora’, ‘esto es la maravilla’.... jajjaja dimos inicio a la conversación en la que llegamos a estar entre 10 y 12 amigas desde sus terrazas, habitaciones o bibliotecas... y hay que decir que fue maravillosa, tanto que pese a las interrupciones del sistema, nos volvimos a conectar en tres o cuatro ocasiones más.

Escogimos una moderadora, María, quien se apersonó muy bien de su papel y ayudó a que no nos atropelláramos las unas con las otras. Empezó leyendo una poesía cuyo nombre no me viene a la cabeza. No pudimos hablar de todos los personajes, Moni los contó y dijo que pasaban de los 100! Sin embargo escogimos algunos y mencionamos otros.

En realidad es una novela muy prolífica en nombres. Recordamos y admiramos la inteligencia de Aurora y su hija Hildegarda, dos mujeres extraordinarias, únicas, diferentes, potentes, llenadoras, inolvidables...Acordamos por voto unánime que el Germán de Lycy,  a pesar de sus cualidades, no le llegó a la altura a María, quien para algunas fue la verdadera protagonista de la historia.

La mísmisima Aurora en carne y hueso vino, nos visitó y nos contó su historia y el por qué de aquel crimen tan monstruoso que cometió.  A todas nos sorprendió jamás haber oído sobre Aurora Rodríguez Carballeira, la parrocida mas famosa de España...

En el transfondo del libro está por supuesto la Guerra  Civil Española y para eso Mariangela nos hizo un recuento fabuloso, concreto y conciso de la época y sus protagonistas. Decidimos que posiblemente sea un tema que más adelante exploraremos en otro libro, más aún teniendo en cuenta el auge que hay hoy entre los escritores ibéricos de desentrañar las historias desconocidas acaecidas en el marco de la contienda.

Lina nos contó la vida de Almudena, de nuevo una escritora que ronda la edad de la mayoría de nosotras, y Mónica nos habló de María, otra de las protagonistas, con mucho afecto y emoción. Ah y nos envió un documento hermoso sobre los años 50 en España. Ceci narró la vida de Hildegarda, fascinante desde su concepción hasta el último día de su corta existencia.

Jamás olvidaremos Ciempozuelos, un piano que sonaba todas las mañanas, unos muñecos de tela de tamaño natural y la vida de dos mujeres que, de haber tomado las cosas con menos frenesí y terquedad, estamos seguras que hubieran cambiado el mundo!

Antes de finalizar reflexionamos sobre nuestro papel en la vida de los hijos. Aurora deseaba una hija que cambiara el mundo, que lo redimiera, que sobresaliera y que hiciera las cosas que ella no pudo; para eso la invistió de conocimientos y sabiduría a través de una educación, que a mí en lo personal me asombra, sublime; casi perfecta.

Hildegarda dotada de una inteligencia extraordinaria, igual a la de su madre,  pero también con muchas carencias afectivas y sociales, no pudo cumplir las expectativas mesiánicas de su progenitora.  Ese fue su pecado y su condena. A los ojos de su madre no había razón para que siguiera existiendo. ¿Cuántas veces no proyectamos sueños, anhelos y frustraciones en la vida de quienes más queremos?

Terminamos cantando Feliz Cumpleaños a Luzma, acompañándola desde la distancia en su día y conociendo un poquito mas la vida de cada una de nosotras durante la contingencia del coronavirus.

En medio de toda esta incertidumbre dos vidas comienzan, dos bebés que llegan a hacer parte de este mundo cambiante. Adri y Mariangela: sus hijas son unas valientes y unas guerreras. Jamás se imaginaron que el mundo al que llegaron sus hijos fuera tan distinto al que vivíamos hace nueve meses. Pero por más que cambien todas las cosas alrededor, el amor de una madre por su hijo nunca cambia y las circunstancias no hacen sino acrecententarlo.

¡Hasta nuestro próximo libro!

Catalina López, abril de 2020

Hildegarda y Aurora

Las Aves del Paraíso y Lectores 10

Hace poco conocimos la existencia de otro Club de Lectura conformado por algunos amigos en común, un club con más experiencia que el nuestro y decidimos contactarlos para tener una sesión conjunta.

Y así nació lo que esperamos sea una linda amistad entre Lectores 10 y Las Aves del Paraíso. Ayer fue nuestro primer encuentro para conocernos, “espiarnos” y analizar El Cuento de la Criada.
Fascinante. Entretenido. Cordial. Ilustrativo. Debatido. Cálido. Amable. Son algunos de los calificativos que me vienen a la mente tratando de describir la noche de anoche.


Ellos nos contaron cómo nacieron, y nosotros de donde salió la idea; ellos se reúnen cada 15 días, noostras cada mes; ellos son muy creativos para exponer y rigurosos en el turno de la palabra, nosotros somos apasionadas, experimentales, intuitivas; ellos tienen orden del día, nosotras un formato mas implícito que explícito; ellos tienen un moderador, nosotras no; ellos alternan la sede de los encuentros, nosotras tenemos una base fija; ellos se reúnen alrededor de una comida temática, nosotras casi siempre alrededor de uvas, té, agua y pistachos; ellos tienen un blog muy interesante, nosotras estamos explorando la posibilidad de crear uno dentro de poco tiempo; ellos son más inclusivos y van en parejas, el nuestro está compuesto de solo “ellas”... .

Los miembros de los dos clubes son recursivos, entusiastas, participativos, respetuosos y cumplidos. En las reuniones de los miembros se crean lazos de amistad, cariño y camaradería. Ambos grupos tienen los cupos cerrados para nuevos participantes; ellos en 30 más o menos y nosotros en 18. Ambos asisten a Festivales como el Hay en Cartagena y Jericó.

Pudimos comprobar que tenemos diferencias pero, que al mismo tiempo, hay mucho cosas en las que coincidimos, más que nada en la alegría que nos produce compartir las impresiones que nos desvelan, nos moldean, nos sorprenden, nos transforman y nos enriquecen cada vez que leemos el libro escogido.

Estuvimos de acuerdo en algo fundamental y que ese “algo” es, precisamente, lo que nos lleva a seguir participando en la lectura grupal: la dimensión que adquiere el  libro cuando se lee para un Club de Lectura eleva la experiencia literaria a un nivel mas completo, global y universal. Es, sin duda, una lectura mas completa, reflexiva y analítica, donde el propósito claramente incluye el entretenimiento pero no se limita al goce. Va mas allá.

Las opiniones de los demás enriquecen el libro, abren niveles y profundidades que tal vez no se dimensionaron en la lectura individual. La lectura en grupo crece el contenido y lo catapulta.

Fue un placer haber estado ayer con Lectores 10. Nos trajimos ideas para implementar en Las Aves del Paraíso, admiración por lo que ellos hacen y una sensación de camaradería por haber encontrado almas gemelas en el universo maravilloso que transmiten las palabras escritas.

Esperamos volver a repetir este maravilloso encuentro de lectores apasionados.

Catalina López,  febrero de 2020

domingo, 17 de mayo de 2020

El Cielo a Tiros - Jorge Franco


¿Es El cielo a tiros otra novela sobre narcotráfico? es la pregunta con la cual muchos se acercan tímidamente a la lectura del último libro del escritor colombiano Jorge Franco.

He leído varios de sus libros y en al análisis que pretendo hacer, más para mí, que para otros, empiezo a darme cuenta que la mayoría de los escritores crean su propio modelo espacio-temporal de realidad que soporta no solo una historia, sino varias de las historias que constituyen su acervo literario, su propio mundo privado (“My own private Idaho”).

En Colombia tenemos una realidad que parece estar atrapada en el campo gravitatorio de la actividad ilegal del narcotráfico. Y es en ese trasfondo en donde se tejen los sucesos tan nuestros, tan regionales, tan folclóricos, tan “mágicos”, absurdos y excéntricos como solamente pueden cosecharse en estas tierras abundantes de todo, hasta de historias.

El relato de El cielo a Tiros, aunque es ficción, tiene una existencia en el imaginario colectivo paisa, en nuestros propios mitos urbanos. Haya sucedido o no, no existe la menor duda que pudo haber pasado. Para los lectores ajenos a nuestra cotidianidad, estas historias representan un mundo exótico, que solo es posible en el cine o en los libros, o en la leyenda aumentada, vuelta gigante del narco más famosos de todos los tiempos.

Pero más allá de ese trasfondo, la narración va descubriendo, para el lector, otros niveles de existencia. Tres dimensiones van creando paulatinamente la redondez del mundo de Larry.

En nuestro medio cuesta mucho escuchar el lado humano de las vidas de los seres que activamente o por determinismo evolutivo cumplieron con el pesado hado de haber nacido en hogares dedicados a esta actividad ilegal. Cuesta aceptar que hay algo positivo, humano o digno de rescatar en ese entorno. Cuesta muchísimo adoptar una lectura imparcial, sin sesgos, desprevenida, sin prejuicios. Y si al lector le cuesta, me pregunto cuántas cuartillas, cuántas frases, cuántos borradores, cuántos tachones, cuánto esfuerzo le habrá costado al escritor contar una historia como ésta, sin adoptar un tono moralista, pero al mismo tiempo teniendo el cuidado de no caer ni dar la impresión de cercanía moral, disculpa o paternalismo cómplice. Me imagino que no fue nada fácil mantener un equilibrio ascético al contar la historia, no la de Libardo, sino la de Larry.

Larry es un joven, ya casi un adulto, que regresa a casa. Pero éste no es un regreso adobado con añoranzas ni con fantasías infantiles, despreocupadas y alegres. Es un regreso estigmatizado, lleno de visiones claroscuras, de incertidumbres y de ausencias. Un joven que tenía una vida que había logrado construir arrancándosela a las garras de un destino que parecía ser inequívoco. Sin embargo, tan pronto toca tierra vuelve a ser atrapado por la perentoriedad de unos acontecimientos en los cuales la voluntad y el libre albedrío poco o ningún peso tienen.

Pero no todo está perdido. La esperanza también viaja en el mismo avión y se va fortaleciendo en la oscuridad de las interminables horas de un vuelo que parece nunca llegar a su destino. En el viejo mundo se queda el futuro, mientras que el nuevo recibe a Larry con el peso de un equipaje que creía sepultado, perdido u olvidado. En ese avión viajan demasiados cuerpos, unos vivos y otros muertos que se resisten a dejar en paz a los vivos. Son cadáveres mortíferos y letales para un futuro mejor. Ante este sombrío panorama aparece Charlie, la posibilidad incipiente, incierta y poco probable de un mundo mejor…

En esta novela encuentro, además de la trilogía en los tiempos de la narración, otra trilogía más profunda y filosófica, y que hace referencia a lo que creemos que es futuro como entidad ontológica.  Encuentro que los personajes tienen tres formas de entenderlo:

  • El futuro entendido como una vivencia que repite cíclicamente acontecimientos del pasado, donde no hay nada nuevo, un futuro donde los sucesos se repiten indefectiblemente. Es un camino sin bifurcaciones, no hay divisiones que obliguen o le den el privilegio o la capacidad a Robert Frost de decidir cuál de las dos tomar.
  • El futuro entendido como una vivencia que se construye, se delinea, se prevé, que se siembra, se riega y se cosecha. El futuro como construcción de la voluntad.
  • Y por último, una tercera visión del futuro como algo que pasa, que sucede, que fluye, que se vive, sin hacerse preguntas, ni predicciones; simplemente se da, y uno lo vive.

En la primera hipótesis vive Larry en la espiral que lo atrapa apenas llega a Medellín.
En la segunda vive Fernanda, pretendiendo construir un futuro como copia mejorada del pasado.
En la tercera hipótesis se encuentra Julio, alejado de todo, viendo pasar los días en el único activo que quedó del patrimonio de Libardo.

Después de leer el libro me quedo con la habilidad asombrosa que tiene Jorge para contarnos cuentos y relatos, con la transparencia, sin aspavientos moralistas, que sostiene magistralmente durante el transcurso de los acontecimientos, con la destreza adquirida de no tratar de convencer al lector, de dejarlo en libertad para que haga (o no) su propio juicio de valor. Eso requiere un trabajo delineado, estudiado, maduro y sobre todo, un control total de la narración. Jorge no manipula, no se vale de artificios, ni trata de guiar en esta o aquella dirección al lector, lo respeta. Igual que respeta a los personajes y no los convierte en caricaturas.

¿Es El cielo a tiros otra historia de narcotráfico?

Esa respuesta se encuentra al pasar de las hojas. En el desenvolvimiento de los acontecimientos. En mi criterio, El cielo a tiros es la historia de la vida de varios personas y en palabras del autor: “vida es la única palabra que aguanta cualquier adjetivo”, incluyendo la “vida narca”…

Catalina López, 2019

Aves del Paraíso con Jorge Franco

jueves, 14 de mayo de 2020

El Cuento de la Criada y Los Testamentos - Margaret Atwood


A  Margaret Atwood, ochenta y un años de edad, autora de varios libros, entre ellos nuestros escogidos de este mes, algunas de nosotras tuvimos la oportunidad de verla en el Hay Festival 2020 en Cartagena. El humor, la paz y la tranquilidad que irradia fueron sus características más evidentes, y son las que la hacen ser aún mas apreciada y venerada por sus lectores.

Para empezar la reseña de estos dos voluminosos libros, hemos de decir que no hubo consenso sobre varios temas. Comenzando el debate nos preguntamos si una distopía teocrática como Gilead puede originarse, de la forma como se describe en El cuento de la criada, en una democracia de occidente, máss concretamente en Estados Unidos.

Tanto Javier Cercas como Mario Vargas Llosa se adhieren a la teoría de que una novela de ficción debe tener como presupuesto la credibilidad de la situación que narra. Para algunas de las Aves esa pregunta carece de importancia, pues el libro se toma y se lee desde el momento en que la autora empieza la historia. Para otras la posibilidad de que un régimen como Gilead se instaure de la forma descrita, es decir con esa inmediatez, no tiene posibilidad de suceder y eso afecta la estructura del resto de la novela, le resta la credibilidad necesaria que, como presupuesto, debe tener toda narración de ficción. Para otras el origen de Gilead quedó suficientemente explicado y validado.

El otro tema que fue sujeto de debate corrió por cuenta de la actitud de la protagonista del primer libro. Algunas pensaron que Defred hizo lo que pudo, que en todo momento tenía como meta saber más sobre su hija. A otras, en cambio, les resultó muy incómoda la pasividad y el aparente desinterés hacia todo lo que la rodeaba, incluso hacia el  marido y la hija existentes en la época pre Gilead.

Un tercer debate se centró en la existencia o no de regímenes occidentales, que en menor escala, se parecen a Gilead. Algunas consideran, basadas en opiniones de la autora, que todo lo narrado en ambos libros se ha dado en la realidad. Por mi parte pienso que en Occidente es poco probable que tal inversión de valores pueda anidarse en una sociedad. Hoy existen movimientos y conquistas, legislaciones y conciencia colectivas lo suficientemente desarrollados y fuertes, como para que algo tan extremo pueda suceder. La palabra clave es extremo. Pueden sí, suceder algunas situaciones parecidas, pero no en ese grado y no por tanto tiempo. Ni tampoco con la sumisión y participación que se dan en Gilead.

Para algunas, la novela es profunda, veraz y fluida. Para otras fue cansina, repetitiva y voyerista.
También  hubo debate en cuanto a si ECDLC es una narración completa o si por el contrario adolece de  vacíos y preguntas sin contestar. Fuimos minoría quienes pensamos que el libro Los Testamentos es necesario para responder muchas incógnitas descuidadas en el primer libro. Para otras, el segundo pudo haberse originado como consecuencia del éxito televisivo, pero no consideraron necesaria su existencia para ‘completar’ el de la Criada.

El personaje que más nos gustó fue Tía Lidia; el más polémico en suscitar empatía con el lector fue el de la protagonista; el menos creíble, Nicole; el suceso mas espeluznante fue el secuestro en el estadio; el más repugnante, la ceremonia mensual de emparejamiento; el mas vívido, el muro y los cadáveres colgantes.

Para algunas, ambos libros son un llamado de atención que nos enfoca en la posibilidad de la existencia de una sociedad que anula de un tajo los derechos fundamentales como consecuencia de la idiosincrasia de un mandatario, la corrupción, la ignorancia del pueblo, el terror o la manipulación de la tecnología.

Para mí, el libro no pasa de ser una novela con una idea buena y original, creativa y colorida, pero que no alcanza a desarrollarse con firmeza y fluidez. Esto en cuanto al CDLC.

En Los Testamentos algunas encontraron poco material nuevo. A mí me pareció que LT es un libro necesario para explicar muchos cabos sueltos dejados en el primero; que es necesario para mostrar el mundo creado desde perspectivas diferentes a La Criada, que es básicamente lo que pasa en ECDLC y por último para dar vida al que sea quizás el personaje mas atractivo de ambas novelas, Tía Lidia, mujer incoherente, calculadora, al mismo tiempo fundadora  y artífice del final de la misma sociedad indeseada que llegó a crear, en donde todos eran infelices y desgraciados.

Por último, nos sometimos, no sin cierta reticencia, a un cuestionario para dilucidar el grado de experticia adquirido con la lectura de ambas novelas. Por razones de privacidad y orgullo,  no diremos los resultados... jajaja. Sin embargo es claro que nos divertimos mucho haciéndolo.

Catalina López, 12 de febrero de 2020



miércoles, 13 de mayo de 2020

Terra Alta -Javier Cercas


Terra Alta de Javier Cercas es el título del libro de nuestra primera reunión del año. 


Hubo unanimidad en que es una lectura que va mas allá de ser un thriller o una novela policíaca, aunque habrá quién al final de su lectura cierre el libro y lo despache sin más comentario que ese. Sin embargo el peso y la profundidad de la novela se avizora con las referencias, reiteradas y muy acertadas, que el autor hace a Los Miserables.

Conocer, leer o releer la historia de Jean Valjean y Javert añade claridad a muchas de las situaciones que le suceden a Melchor Marín y a las decisiones que toma. El tema de la justicia  desde la perspectiva donde el fondo y la forma de la justicia terminan por ser lo mismo, da lugar a debates y reflexiones muy interesantes y variadas.

Aprender a disfrutar de un libro que no otorga todas las respuestas es un paso hacia una lectura más madura y pienso que es, al mismo tiempo, una muestra de respeto hacia el lector. Javier Cercas es un hombre diferente, dicho por él, desde lo sucedido durante el “otono catalán”, entre otras cosas porque la Historia, así, con hache mayúscula, le entró por la ventana de su casa removiendo algunos sentimientos y generando otros tantos que nunca pensó tener.

A nosotros los paisas y en general a los colombianos también nos ha entrado, en bastantes ocasiones, la Historia a la vida y nos ha hecho, no solo testigos, sino además partícipes casi siempre involuntarios, de situaciones que nos transformaron rotundamente  y que serán objeto de estudio en los años que vendrán. Entre otras cosas porque el pasado sienta las bases de las personas que somos hoy, de lo que pensamos y sentimos. No somos “un relámpago entre dos oscuridades” y para que las generaciones futuras entiendan su idiosincrasia, su sociedad y su tiempo,  tendrán que estudiarnos a nosotros y a los acontecimientos que nos tocaron vivir.

Los libros que leemos nos llevan a conocer otras vidas y quizás a transformaciones contundentes como la que sufrió Melchor o más seguramente a micro transformaciones sutiles, casi imperceptibles, pero muy reales. Porque un buen libro no lo deja a uno igual a como era antes de abrirlo. Los libros, como dijo alguien, pueden separarse en libros espejo y libros ventanas. Para nosotros fue un libro ventana con cristal reflectivo porque, aunque pudimos identificarnos con algunas reacciones primarias del protagonista, decidimos que al final y en el momento clave y decisivo, el conocimiento adquirido nos llevaría a tener respuestas más civilizadas, acordes y ceñidas a la forma.

Esa es la definición de civilización. Ese es el legado de la Revolución Francesa. Esa es la garantía de la Igualdad y la Justicia. A mí Terra Alta, Premio Planeta 2019,  me cambió y mucho, porque me llevó a leer Los Miserables, libro que devoré con avidez rotunda, egoísta, totalmente envolvente y excluyente de todo lo que sucedía a mi alrededor. No quería despegarme de las palabras inolvidables de Víctor Hugo, de su forma de hablarle al lector, de la profundidad para tratar temas tan disímiles como la estrategia de las batallas a campo abierto y en las barricadas de los barrios de París, la vida en un convento, la transparencia del alma, la inmensidad de una noche estrellada, la justicia, el sacrificio generoso y doloroso de unos jóvenes impulsivos por unos ideales que no supieron acompañar los que prometieron hacerlo... y claro, del amor. Amor filial, de hombre a mujer, de amigos, a la patria, a la humanidad, a la verdad, a la justicia, a la ley, a la libertad...

Conclusión y para no extenderme más, estos dos libros forman juntos un tándem que recomiendo a quienes disfrutan y buscan lecturas que abren ventanas a mundos complejos nacidos y moldeados a golpes de verdades poliédricas, ambiguas y confusas. Mundos donde el lector tiene que hacer el esfuerzo de excavar muchos niveles para encontrar y completar las respuestas a las preguntas complejas que todo buen escritor “esconde” en su obra.

Catalina López, enero de 2020

Hay Festival Jericó, enero 2020
Hay Festival, Cartagena Febrero 2020

Aves del Paraíso en el Hay Festival Cartagena 2020

martes, 12 de mayo de 2020

Las Aves

Hace más de cuatro años iniciamos un Club de Lectura inspiradas en la idea de una de las Aves de este grupo que vivió en México, donde conoció y participó en varios de éstos. Al volver ella a Medellín reiniciamos una amistad, nacida muchos años atrás, cuando eramos entusiastas estudiantes de Derecho en la UPB, sede La Playa. En ese tiempo formamos un grupo de estudio que hoy sería calificado de “nerdas”... jajaja. Éramos muy juiciosas y estudiosas.

En un almuerzo de reencuentro decidimos hacer lo mismo que Luzma hacía en el DF. Y la idea caló. Hoy, una vez al mes, muy cumplidas, 18 amigas leemos un libro y nos reunimos para conocer la vida del autor(a), analizar el libro, debatir y conversar, y algunas veces tener la inmensa alegría de tener al escritor(a) en persona o via web con nosotras para una charla amable, distendida, entretenida y llena de admiración por lo que hacen.

Hicimos una primera reunión e invitamos también a otras amigas de las que sabíamos su pasión y gusto por la lectura. Empezamos tímidamente a reencontrarnos, a conocernos y a reconocernos alrededor de un tema en común para todas... los libros. 

Sin falta, nos reunimos un miércoles de cada mes, escogemos entre todas un libro y, de una manera informal y agradable, alrededor de un buen té, pistachos y alguna golosina, desglosamos la obra, el autor y cada una da su opinión del libro. Hay unas más activas, muy apasionadas, otras silenciosas y tímidas, somos una mezcla perfecta.


¿Por qué Aves del Paraíso? Durante una Feria del Libro en Medellín asistimos a la presentación de la magnífica novela de Joel Dicker, El Libro de Los Baltimore. Al final, emocionadas de ver y oír a éste magnífico escritor, nos acercamos "cual gallinero" a que nos firmara el libro y a tomarnos una foto. Le contamos sobre nuestro grupo y nos preguntó el nombre ... ¡no teníamos! Le pedimos que fuera él quien nos "bautizara" y con una linda sonrisa (todas estábamos flechadas...), nos preguntó cuál era la flor más linda de Colombia. Empezamos a decir nombres, hasta que llegamos al nuestro. A Joel le encantó que una flor pudiera tener ese nombre tan bonito y dijo, ¡ese es!



Hasta hoy hemos leído más de 60 libros juntas, pero no habíamos sido juiciosas en reseñarlos. Nuestra Ave Mayor, desde inicios del 2020 ha empezado a hacer magníficas reseñas después de cada reunión. Sea éste el momento de empezar a guardar estos bellos textos en este blog.




Las Bellas Extranjeras de Mircea Cărtărescu

 El libro que escogimos para agosto de 2022 es uno diferente a los que acostumbramos leer en el grupo. Aunque, pensándolo bien, no existe un...