jueves, 22 de septiembre de 2022

Las Bellas Extranjeras de Mircea Cărtărescu


 El libro que escogimos para agosto de 2022 es uno diferente a los que acostumbramos leer en el grupo. Aunque, pensándolo bien, no existe un estilo de lectura grupal y, a lo largo de los años y de los libros escogidos, nos hemos vuelto más cosmopolitas, maleables y permeables a la hora de elegir la siguiente lectura.  Es así como, para esta ocasión, elegimos Las Bella Extranjeras del rumano Mircea Cărtărescu, escritor que, desde hace varios años, figura entre los posibles ganadores del Premio Nobel de Literatura.

 Hemos de confesar que varias de nosotras estuvimos a punto de ejercer la prerrogativa del artículo 3 del Decálogo de los Derechos del Lector, creado por el francés Daniel Pennac, que nos otorga la libertad de no terminar un libro cuando este no nos atrapa lo suficiente como para terminarlo. Ante el conato de insurgencia generalizado, una de las integrantes se dio a la tarea de demostrar las bondades del libro, señalando como uno de sus principales rasgos el tono sarcástico, irónico y burlón con el cual Cărtărescu narra vanidades y obsesiones del mundo literario. Un club de lectura es una logia a la que pertenecemos para crecer intelectualmente con los aportes de los demás, y fue así como, ante los argumentos de la contraparte, decidimos por unanimidad, darle una segunda oportunidad al acusado. Me alegro de la contundencia de los argumentos exhibidos por la defensa, pues estos fueron suficientes para convencer a este grupo de lectoras experimentadas de seguir adelante. Superado el motín, y ya surcando aguas más tranquilas, en la sesión de análisis del libro se pudo evidenciar que varias, durante la lectura individual, pudimos gozar de la visión microscópica hilarante del mundo que rodea a los escritores y, particularmente, de las vivencias narradas en los cuentos que componen Las Bellas Extranjeras. Cărtărescu recrea una serie de situaciones vividas en el pasado con una narración que, al principio, sorprende por no ser lo que uno espera encontrar en tan complejo escritor.

 Me gustan los libros que suponen algún reto, y, el desafío de este libro, fue acercarme a las narraciones que, con humor, dan cuenta de vivencias autobiográficas hilarantes y de hechos que uno no se imagina tengan que vivir los escritores cuando son engullidos por esa costumbre, hace poco inventada, de festivales, giras y espectáculos a los que las editoriales y el público someten a estos autores de las novelas que tanto disfrutamos. Es la tiranía del siglo de la inmediatez.

 En más de una ocasión he admirado el carácter estoico y la aparente tranquilidad con que autores contemporáneos acometen las mismas preguntas sobre los mismos temas en relación al último libro que dieron a luz. Creo que yo no sería capaz de someterme a ese circo de lo absurdo donde, muchas veces, brilla la falta de conocimiento de la obra sobre la que se monta la carpa circense.

 Concluimos en el grupo que los encuentros literarios han de ser una molestia necesaria y un compromiso ineludible para los autores del siglo XXI, aunque confieso que es un placer estar sentado en un auditorio con el autor de ese libro que con tantas ganas fue leído en algún momento; sin embargo, muchas veces, la dimensión humana del autor, con sus grandezas, flaquezas y debilidades, puede llegar a ser tan profunda que afecta las futuras relaciones que con dicho autor podríamos desarrollar. Un saludo efusivo, una mención de alguna anécdota graciosa, un semblante adusto, unas palabras en el idioma local, un guiño a la gastronomía regional, son los afrodisíacos o afrentas inexcusables con los cuales el del banquillo de marras se sienta frente a nosotros. Están advertidos plumas del panorama literario actual: son esos pequeños gestos, para nada originales, los que conquistarán para siempre a la horda de admiradores que lo ven en vivo y en directo.

 Para terminar esta vivencia con las Bellas Extranjeras y de los tres cuentos que la componen, podemos decir que este libro nos llevó a conocer un poco más de la historia de Rumania y de sus costumbres, de su vanguardia dadaísta, de la tiranía del “Conducator” y de la riqueza de poetas, escritores y artistas, para colegir que, como países de raíces latinas que somos, son muchas las cosas que tenemos en común, y que hacen que las anécdotas narradas por el autor,  no nos sean tan difíciles de entender.

 Me pude identificar con varias actitudes cărtărescusianas:

- el cinismo frente al arte contemporáneo

- la inconformidad ante la condescendencia de los países desarrollados frente a las particularidades de los países tercermundistas y, al mismo tiempo, el empecinamiento, casi patológico, con que algunos artistas tercermundistas tratan, ad infinitum, los temas pintorescos que ya no nos definen como nación, pero que muchos se niegan a superar.

- el sufrimiento diario en que se convierten, desde el anuncio, los eventos a los que debemos acudir por obligación. La sociedad “cancela” a los seres que se obstinan en proteger intimidad y rutina; a esas raris avis que, contra toda tendencia impuesta por la tiranía de las redes, convierten en sanctanctórum, sin existencia en el mundo virtual, las cuatro paredes que los rodean.

 Es una novela que, en medio del humor, nos pone a reflexionar sobre la forma en que vivimos la vida, sobre algunos rasgos de nuestra personalidad y sobre el determinismo de circunstancias exógenas que moldean nuestras reacciones y posturas, como la pandemia del coronavirus, la guerras de Rusia contra Ucrania, o la paranoia que dejaron los eventos del 11 de septiembre.

 Un libro vedado a quienes carezcan de humor…

 Catalina López

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