El libro que escogimos para agosto de 2022 es uno diferente
a los que acostumbramos leer en el grupo. Aunque, pensándolo bien, no existe un
estilo de lectura grupal y, a lo largo de los años y de los libros escogidos,
nos hemos vuelto más cosmopolitas, maleables y permeables a la hora de elegir
la siguiente lectura. Es así como, para
esta ocasión, elegimos Las Bella Extranjeras del rumano Mircea Cărtăre
scu, escritor
que, desde hace varios años, figura entre los posibles ganadores del Premio
Nobel de Literatura.
Hemos de confesar que varias de nosotras estuvimos a punto
de ejercer la prerrogativa del artículo 3 del Decálogo de los Derechos del
Lector, creado por el francés Daniel Pennac, que nos otorga la libertad de no
terminar un libro cuando este no nos atrapa lo suficiente como para terminarlo.
Ante el conato de insurgencia generalizado, una de las integrantes se dio a la
tarea de demostrar las bondades del libro, señalando como uno de sus
principales rasgos el tono sarcástico, irónico y burlón con el cual Cărtărescu narra vanidades
y obsesiones del mundo literario. Un club de lectura es una logia a la que pertenecemos
para crecer intelectualmente con los aportes de los demás, y fue así como, ante
los argumentos de la contraparte, decidimos por unanimidad, darle una segunda
oportunidad al acusado. Me alegro de la contundencia de los argumentos
exhibidos por la defensa, pues estos fueron suficientes para convencer a este
grupo de lectoras experimentadas de seguir adelante. Superado el motín, y ya
surcando aguas más tranquilas, en la sesión de análisis del libro se pudo
evidenciar que varias, durante la lectura individual, pudimos gozar de la visión
microscópica hilarante del mundo que rodea a los escritores y, particularmente,
de las vivencias narradas en los cuentos que componen Las Bellas Extranjeras. Cărtărescu recrea
una serie de situaciones vividas en el pasado con una narración que, al
principio, sorprende por no ser lo que uno espera encontrar en tan complejo
escritor.
Me gustan los libros que suponen algún reto, y, el desafío
de este libro, fue acercarme a las narraciones que, con humor, dan cuenta de
vivencias autobiográficas hilarantes y de hechos que uno no se imagina tengan
que vivir los escritores cuando son engullidos por esa costumbre, hace poco
inventada, de festivales, giras y espectáculos a los que las editoriales y el público
someten a estos autores de las novelas que tanto disfrutamos. Es la tiranía del
siglo de la inmediatez.
En más de una ocasión he admirado el carácter estoico y la
aparente tranquilidad con que autores contemporáneos acometen las mismas
preguntas sobre los mismos temas en relación al último libro que dieron a luz.
Creo que yo no sería capaz de someterme a ese circo de lo absurdo donde, muchas
veces, brilla la falta de conocimiento de la obra sobre la que se monta la
carpa circense.
Concluimos en el grupo que los encuentros literarios han de
ser una molestia necesaria y un compromiso ineludible para los autores del
siglo XXI, aunque confieso que es un placer estar sentado en un auditorio con el
autor de ese libro que con tantas ganas fue leído en algún momento; sin
embargo, muchas veces, la dimensión humana del autor, con sus grandezas,
flaquezas y debilidades, puede llegar a ser tan profunda que afecta las futuras
relaciones que con dicho autor podríamos desarrollar. Un saludo efusivo, una
mención de alguna anécdota graciosa, un semblante adusto, unas palabras en el
idioma local, un guiño a la gastronomía regional, son los afrodisíacos o afrentas
inexcusables con los cuales el del banquillo de marras se sienta frente a
nosotros. Están advertidos plumas del panorama literario actual: son esos
pequeños gestos, para nada originales, los que conquistarán para siempre a la
horda de admiradores que lo ven en vivo y en directo.
Para terminar esta vivencia con las Bellas Extranjeras y de
los tres cuentos que la componen, podemos decir que este libro nos llevó a
conocer un poco más de la historia de Rumania y de sus costumbres, de su
vanguardia dadaísta, de la tiranía del “Conducator” y de la riqueza de poetas,
escritores y artistas, para colegir que, como países de raíces latinas que
somos, son muchas las cosas que tenemos en común, y que hacen que las anécdotas
narradas por el autor, no nos sean tan
difíciles de entender.
Me pude identificar con varias actitudes cărtărescusianas:
- el cinismo frente al arte
contemporáneo
- la inconformidad ante la condescendencia
de los países desarrollados frente a las particularidades de los países
tercermundistas y, al mismo tiempo, el empecinamiento, casi patológico, con que
algunos artistas tercermundistas tratan, ad infinitum, los temas pintorescos
que ya no nos definen como nación, pero que muchos se niegan a superar.
- el sufrimiento diario en que se
convierten, desde el anuncio, los eventos a los que debemos acudir por
obligación. La sociedad “cancela” a los seres que se obstinan en proteger
intimidad y rutina; a esas raris avis que, contra toda tendencia impuesta por
la tiranía de las redes, convierten en sanctanctórum, sin existencia en el
mundo virtual, las cuatro paredes que los rodean.
Es una novela que, en medio del humor, nos pone a
reflexionar sobre la forma en que vivimos la vida, sobre algunos rasgos de
nuestra personalidad y sobre el determinismo de circunstancias exógenas que
moldean nuestras reacciones y posturas, como la pandemia del coronavirus, la
guerras de Rusia contra Ucrania, o la paranoia que dejaron los eventos del 11
de septiembre.
Un libro vedado a quienes carezcan de humor…
Catalina López
No hay comentarios:
Publicar un comentario